Afganistán acusa a Pakistán de violar su espacio aéreo tras ataques en Kabul
El conflicto entre Afganistán y Pakistán, dos naciones vecinas en el sur de Asia, alcanzó este fin de semana un punto crítico tras meses de tensiones en su frontera compartida. Lo que comenzó como una serie de escaramuzas se transformó en una confrontación abierta cuando, el jueves pasado, fuerzas afganas lanzaron una ofensiva a lo largo de la línea divisoria. Pakistán respondió con contundencia, desplegando ataques terrestres y aéreos que, según Kabul, han dejado un saldo de víctimas civiles.
Las autoridades pakistaníes confirmaron que su fuerza aérea bombardeó al menos dos ciudades clave: Kabul, la capital afgana, y Kandahar, en el sur del país, donde reside el líder supremo talibán. En total, Islamabad reportó haber alcanzado 37 objetivos en territorio afgano durante la operación, aunque no ha ofrecido detalles sobre posibles bajas no combatientes. Mientras tanto, el gobierno talibán acusó a Pakistán de causar muertes entre la población civil, una denuncia que hasta ahora no ha sido respondida por las autoridades del país vecino.
El origen de esta escalada se remonta a acusaciones mutuas. Kabul justifica su ofensiva como una respuesta a bombardeos pakistaníes previos, que habrían dejado víctimas en suelo afgano. Por su parte, Islamabad insiste en que el gobierno talibán no ha actuado con firmeza contra grupos militantes que operan desde Afganistán y que, según Pakistán, han perpetrado ataques en su territorio. Kabul rechaza estas acusaciones, aunque varios atentados en Pakistán han sido reivindicados por facciones vinculadas a redes extremistas con presencia en la región.
En medio del caos, las fuerzas de seguridad afganas afirmaron haber derribado un avión de combate pakistaní y capturado a su piloto, una versión que Islamabad calificó de “totalmente falsa”. Mientras tanto, en Kandahar, testigos describieron escenas de pánico. Enamullah, un joven obrero de 20 años que viajó desde Kabul en busca de trabajo, relató cómo un bombardeo lo sorprendió en plena faena: “Todo se puso oscuro. Yo solo vine a ganarme un trozo de pan”. Aunque Pakistán admitió los ataques en Kandahar y Kabul, no ha confirmado ni desmentido las muertes de civiles.
Los balances de víctimas varían según la fuente. Mientras Kabul denuncia un número creciente de muertos y heridos, Pakistán se ha limitado a informar sobre los objetivos militares alcanzados. Lo que sí parece claro es que la estrategia pakistaní ha dado un giro: en esta ocasión, los bombardeos se dirigieron contra instalaciones del gobierno afgano, un cambio significativo respecto a operaciones anteriores, que se enfocaban en supuestos campamentos de milicianos.
Los intentos de mediación diplomática, en los que participaron países como Arabia Saudita y Catar, no han logrado frenar la espiral de violencia. Hasta ahora, no hay señales de una tregua inminente, y la retórica de ambos bandos sugiere que la confrontación podría prolongarse. El ministro de Información pakistaní reiteró el sábado que la ofensiva aérea continuaría hasta que se cumplan los objetivos planteados, sin precisar cuáles serían estos ni cuándo se daría por concluida la operación.
Mientras tanto, la población civil, atrapada en medio del fuego cruzado, paga el precio más alto. En ciudades como Kandahar, los testimonios de sobrevivientes dibujan un panorama desolador: familias desplazadas, infraestructuras destruidas y una sensación de vulnerabilidad que se extiende más allá de las zonas de combate. La comunidad internacional observa con preocupación, pero hasta ahora no ha logrado articular una respuesta efectiva que frene esta nueva crisis en una región ya marcada por décadas de inestabilidad.
